No hay oscuridad que dure cien años. No hay derrota que sea eterna. La soga no puede estar en nuestro cuello para siempre. Algo es seguro: la soga no va a estar en nuestro cuello para siempre. Ya se empiezan a escuchar las voces que rugen desde el fondo de la tierra. Como un trueno subterráneo que quiere hacer partir y hacer saltar este sistema podrido que ya no se banca más.
Y bueno, esta no es una expresión de deseos y las mías no son más que palabras. Y como dijo el poeta, a veces la palabra es la cárcel de la idea. Y uno tiene muchas ideas pero las palabras nos encierran y nos ponen estas trabas.
Pero lo que queremos, y que quede bien claro, es expresar nuestra intención de juntarnos. Es decir hoy somos 100, somos 50, somos 300, somos mil. Pero los que somos, vamos a ir caminando hasta la plaza que está acá a cinco cuadras y nos vamos a juntar con los 5, con los 15 o con los 5000 que hay en la otra plaza. Y vamos a ir caminando hasta la otra plaza que está a quince cuadras y nos vamos a juntar con los que están en esa plaza. Y vamos a caminar el país entero. Y vamos a caminar esta Latinoamérica, y vamos a caminar el mundo. Y vamos a hacer que este mundo sea un mundo y no esta mierda que nos quieren vender.
Y entonces, ahí sí que se guarden. Ahí sí que se escondan. Ahí sí que se metan toda la guita que no les va a servir ni para comprarse un taxi espacial para esconderse en cualquier planeta. Porque donde se escondan, los vamos a ir a buscar. Y cuando los encontremos, los vamos a hacer cagar.
Leído en un lejano recital de punkrock y desgrabado de un casetito que guardo en el corazón...

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